Los negocios manejados por las pequeñas y medianas empresas (Mipymes) en Cuba ofertan variedad de productos a altos precios, en contraste con las farmacias y tiendas del “cubano de a pie”, las que rige el estado. El gobierno no tiene nada que ofrecerle al pueblo y este se ve "obligado" a recurrir a los cuentapropistas y privados.